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Más conocida como "La Condesa Sangrienta", debido a los
macabros y sádicos crímenes que cometió, Erzsebet
Bathory fue una aristócrata húngara perteneciente a una
de las más ilustres familias de Europa. De hecho, de
esta misma familia también fueron Esteban y Sigmund
Bathory que ocuparon los tronos de Polonia y
Transilvania, respectivamente, además de varios
dignatarios de la Iglesia y ministros de Hungría.
Popularmente se cree que mataba a sus jóvenes doncellas
para bañarse en su sangre porque creía que así se
mantendría joven y bella. Se dice que llegó a asesinar a
650 personas para este propósito. Actualmente, y después
de las investigaciones llevadas a cabo, no se sabe a
ciencia cierta si esto es verdad o no, aunque sí se
puede asegurar que cometió incontables crímenes de
extrema crueldad.
La historia de Erzsebet comienza en 1560, fecha en la
que vino al mundo en el seno de una de las más
importantes familias de Hungría. Se le dio una educación
esmerada, llamativa para la mujer de esa época y de esa
región del mundo, que en ese momento era conocida como
Reino de Hungría. Mientras que la mayoría de los nobles
de esa zona y en esos años apenas podían escribir, ella
dominaba con fluidez el latín, el alemán y el húngaro.
Erzsebet creció como una chica aplicada, aunque ya en su
temprana infancia comenzó a llamar la atención por sus
comentarios sobre la vejez y la muerte.
Argumentaba que ella no había nacido para morir, y que todo lo
bello que le pasaba no podía desaparecer así porque sí. Tal
vez en ese pensamiento se encuentre una de las claves que la
llevaron a convertirse en la asesina más sanguinaria de la
historia.
A la edad en que la mayoría de las muchachas descubren el amor
y la belleza en el sexo opuesto, ella manifestó atracción por
otras chicas y, especialmente, por su sangre.
En sus 15 años, Erzsebet fue casada obligatoriamente (como se
acostumbra entre los nobles de esa época) con otro hijo de
familia aristocrática húngara llamado Ferencz Nadasdy.
Ferencz era un hombre acostumbrado a domar caballos salvajes y
lidiar con situaciones de peligro, pero nunca consiguió que
Erzsebet demostrara sumisión frente a sus deseos. Por el
contrario, siempre encontró en ella el espíritu de un potro
indomable.
La condesa pasaba varias horas frente al espejo; ensimismada,
narcisa y con poco interés en su vida matrimonial.
La habitación de Erzsebet era fría e impersonal, y en ese
ambiente de pocos afectos la salud de Ferencz empezó a
debilitarse. A medida que el marido perdía fuerzas y ganaba
achaques, la condesa se volvía cada vez más ermitaña. Aunque
no dejaba de buscar placer en amantes jovenes.
El matrimonio Bathory-Nadasdy vivía en el sombrío
castillo de Csejthe, situado en el llamado Reino de
Hungría.
Ferencz era conocido como el "El Caballero Negro", por
sus destacadas proezas como general en el campo de
batalla. Era tan cruel como su mujer. Estuvo la mayor
parte de su matrimonio luchando contra los turcos y
cuando volvía a casa disfrutaba torturando a los
prisioneros.
El hecho de que Ferencz estuviera ausente gran parte del
tiempo fue la causa de que Erzsebet buscara refugio en
numerosos amantes de ambos sexos de los que pronto se
aburrió, de forma que, intentando buscar nuevos
divertimentos, llamó a gran cantidad de brujos y
alquimistas que la iniciaron en ciertas prácticas de
brujería en las que se centró su vida a partir de
entonces.
Su marido la abandonó definitivamente en 1604: murió a
mediados de ese año. El fallecimiento de Ferencz
incrementó su locura por no envejecer. Las sirvientas ya
padecían las consecuencias de aquellos deseos. Tenían
órdenes de preparar brebajes y pócimas para
contrarrestar los efectos del paso del tiempo. Con la
muerte de su marido, esas órdenes también dejaron de
tener efecto. De esa manera la Condesa desató y empezó
su escalada criminal.
Una de las mejores amigas (y cómplices) de Erzsebet se
llamaba Darvulia, una anciana conocida en los
alrededores como "La Bruja del Bosque".
Luego de la muerte de su esposo, Darvulia abandonó la casa
donde vivía y se mudó al castillo de Csejthe. Erzsebet estaba
fascinada por la hechicera, creía en todos sus poderes y
necesitaba de sus hechizos para mantener la ilusión de frenar
el envejecimiento. Los brebajes de Darvulia pretendían
disimular el paso del tiempo. Así, la magia negra, los
conjuros, alquimia y todo de lo que era capaz Darvulia se
instalaron en la habitación y en la vida de la condesa.
A partir de la aparición de la hechicera se meciona a la
Virgen de Hierro, una muñeca de tamaño natural que Erzsebet
utilizaba en sus ritos de sangre.
Convencida de que la única forma para anular el envejecimiento
era bañarse o beber sangre de doncellas jóvenes, desparramó
toda la maldad de la que ella era capaz en pos de obtenerla y
disfrutarla.
Manipulada por su dueña, la Virgen de Hierro era un objeto de
tortura. Era de metal, con cabellera rubia, joyas, maquillaje
y siempre se presentaba desnuda.
Con falsa y perversa amabilidad, la autómata recibía y luego
abrazaba a las jóvenes víctimas de la condesa. Cuando las
tenía entre sus brazos, sus falsos senos se abrían y
apuñalaban a la presa. Estando las víctimas malheridas, eran
degolladas y su sangre era bebida por Erzsebet. Y, si la
cantidad era suficiente, hacía llenar una gran bañera con la
sangre de las doncellas y se sumergía en ella, buscando
desesperadamente la fuente de la juventud.
En los asesinatos, Erzsebet no actuó sola. Sus cómplices
fueron dos de sus criadas:
Jo Ilona y Dorko, ambas fieles e igual de sanguinarias que las
Condesa. Se encargaban de buscar a muchachas de entre 12 y 18
años, traerlas al castillo y mantenerlas siempre listas para
los sometimientos de su ama. Erzsebet las necesitaba a todo
momento; cuando padecía dolores de cabeza, por ejemplo, bajaba
hasta el sótano para darles mordiscos y masticar la carne
arrancada.
Los gestos de dolor de las doncellas, y las gotas de sangre
calmaban, enseguida, cualquier molestia.
El origen de la historia que dice que utilizaba sangre para
fines cosméticos data de que un día, propinó una violenta
bofetada a la criada que la estaba peinando, con tan mala
fortuna que ésta comenzó a sangrar y su sangre salpicó la mano
de la Condesa. Convencida de que el trozo de piel donde había
caído la sangre se veía más lozano, proyectó tomar baños de
sangre humana para mantener su juventud y belleza eternamente.
Erzsebet no solo bebía la sangre de infortunadas muchachas,
también las envolvía en orgías indescriptibles. Padecían los
peores tormentos. Si hablaban mucho, ella misma les cosía la
boca.
Para la gente del pueblo, las chicas que iban al castillo lo
hacían en calidad de empleadas. Pero, a medida que iban
desapareciendo, empezaron a circular rumores que, de todos
modos, no eran ni por asomo más crueles que la verdad sobre
las atrocidades que se llevaban a cabo en el castillo de
Csejthe. Sólo decían que la condesa Bathory las mataba para
bañarse en sangre de vírgenes. Por eso, incluso antes de ser
acusada oficialmente, la empezaron a llamar "La Condesa
Sangrienta". Erzsebet y sus cómplices daban explicaciones muy
tontas para justificar la desaparición de las doncellas.
Argumentaban que habían tropezado, que una rara enfermedad las
había matado sorpresivamente, que un animal las había devorado
en el bosque, etc.
Más tarde que temprano, acusaron a la Condesa. No por simple
acto de justicia, sino porque, no conforme con las campesinas,
empezó a reclutar a las hijas de personas adineradas de la
zona.
Fue el colmo para la sociedad de esa época; así, su abominable
imperio empezó a sentir los primeros tambaleos.
Erzsebet fue llevada a tribunales en donde 20 jueces varones
la interrogaron por sus crímenes. Fue condenada, pero no a
morir, sino a padecer un encierro perpetuo en su propio
castillo.
Por órdenes judiciales tapiaron ventanas y puertas del
castillo, especialmente las de su aposento: solo se mantuvo un
pequeño orificio por el cual se le suministraría escaso
alimento y agua.
Así vivió durante casi 3 años. El 21 de Agosto de 1614 murió
sin mostrar muestras de arrepentimiento. Tenía 54 años, y las
arrugas que tanto odiaba la recubrían por completo. Su rostro,
que siempre había mostrado una fría serenidad, estaba terso,
sí, pero no por haber encontrado la fuente de la juventud,
sino por el frío insoportable que padeció confinada entre las
paredes de su habitación. Según el conteo oficial de víctimas,
las doncellas que murieron de peor forma fueron 610, aunque se
estima que el número total de mujeres asesinadas por Erzsebet
alcanzó los 650.
Gran parte de los investigadores achacan los malvados
instintos de Erzsebet a la degeneración genética a la que
habían llegado los miembros de esta familia debido a la
endogamia, pues la única manera de mantener las posesiones era
el matrimonio entre familias nobles húngaras.
Los documentos existentes demuestran la unión entre la familia
Bathory y la de Vlad Tepes, "Drácula". De hecho, un miembro de
la familia Bathory, Stephen Bathory, fue quien dirigió la
misión que devolvió a Drácula al trono en 1476.
Además, los antepasados húngaros de Drácula estaban
relacionados con el clan Bathory.
Su descendiente actual no la quiere
“Pienso más en ella como el personaje de una de mis óperas que
como un antepasado. No siento prácticamente nada hacia ella.
Murió hace 400 años y no han sobrevivido recuerdos ni
posesiones suyas. Sólo nos ha quedado su retrato –una copia de
una imagen del Renacimiento– y sus diarios, que pertenecen al
archivo estatal de Budapest. Cuando era pequeño, resultaba
emocionante saber que tuve una antepasada vampiresa, pero por
supuesto, hoy estoy en completo desacuerdo con su existencia.
He crecido sin las divisiones éticas y raciales de su época.
Ella fue educada de otra forma, en otro tiempo, y fue una
mujer enferma con mucho poder. La gente con poder da miedo
incluso hoy (hay muchas personas de ese tipo en Estados
Unidos). Era muy inteligente y poderosa, y cuando pienso en su
conducta entiendo que tenía una grave afección mental, quizá
una combinación de esquizofrenia, deficiencia alimentaria y
educación basada en el poder, según la cual podía tratar a los
demás como se le antojara. Tal vez era tan inteligente que se
convirtió en una mujer ebria de poder que estaba por encima de
los demás y eso acabó por ser una adicción que satisfacía lo
que no podía conseguir con política o dinero. Sin embargo,
mucha gente visita la “web” y la venera. Buscan sus fotos,
hacen preguntas... Creo que están buscando un modelo de poder
que no tienen en sus vidas. 400 años después de su muerte,
ella sigue viva gracias a la imaginación de estas personas. Yo
no creo en vampiros, pero hay seres humanos con mucha maldad
que pueden haberla heredado a través del ADN, la educación...
En ese sentido no me considero una persona muy espiritual”.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/