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Los indígenas paraguayos viven en una situación triste, desoladora, infrahumana y criminal, según resalta una denuncia del Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní (ALCG).
Esta es una entidad jurídica, autónoma, con carácter científico-cultural, dedicada a la formación de profesores de lengua guaraní.
Ante la cercanía del Día del Indígena Americano, el próximo 19 de abril, la institución reiteró el apoyo a las reivindicaciones de los aborígenes y solicitó trato justo y vida digna para ellos.
En su comunicado, señaló por inacción al Instituto Nacional del Indígena (INDI), institución creada para precautelar y promocionar los derechos de las comunidades autóctonas.
Desde hace más de un año, un centenar de indígenas resolvieron cercar la sede del INDI para reclamar acceso a la tierra propia y asistencia en materia de salud, educación y trabajo.
Un grupo integrado primero por los miembros de los pueblos Ava Guarani y Ache- Guajaki, y luego por representantes de todas las etnias que habitan en Paraguay, permanece frente al local, a la intemperie, pese al frío y las lluvias, cansado de las falsas promesas hechas por autoridades nacionales, departamentales y municipales.
“Esos reclamos tienen casi 500 años y nunca fueron atendidos por ningún gobierno”, destaca ALCG para recordar la ya escasa población nativa que, según el último censo, se estima en casi 80 mil, menos del 1,5 por ciento de la población.
Existen comunidades en la "línea de la muerte", como los Ache-Guajaki que son cerca de mil; los Guana y los Manjui de apenas 500 personas, y los Chamakoko, los cuales ya no alcanzan las 150 personas, subraya la nota.
Sus únicos cobertores son unos finos y débiles hules puestos a modo de carpas, indica el Ateneo al reseñar la protesta en las calles aledañas al INDI.
Esos hules y algunas frazadas –agrega- fueron las austeras y vergonzosas donaciones de la Secretaría de Emergencia Nacional ante las lluvias y las bajas temperaturas.
“Niños y adultos recorrían descalzos el sitio ocupado. Pasaron hambre. Sintieron frío. A aquellos a quienes ya no les alcanzó la provisión de hules para carpas, las noches les resultaron peores, pues durmieron -si pudieron- en el piso frío y húmedo, y teniendo como techo el cielo”.
Un año atrás, ALCG alertó que los aborígenes paraguayos vivían en carne propia el desprecio, el menoscabo y la discriminación del Estado.
Justo desde entonces, se mantienen acampados al aire libre y en la calle, solicitando lo mismo y recibiendo el mismo silencio como respuesta.
Muchos murieron en este último año. Otros continúan padeciendo las consecuencias de la política gubernamental de dar rienda suelta a la producción de soja, al uso despiadado e inmisericorde de exageradas y asesinas cantidades de agrotóxicos, destaca ALCG.
La situación es idéntica: comunidades vulnerables, víctimas del racismo, la marginación, la discriminación, la falta de reconocimiento, protección y garantías.
Los ayoreo-totobiegosode, los últimos indígenas no contactados al sur de la cuenca del Amazonas, sufren como consecuencia de las empresas madereras que destrozan su bosque.
En los últimos tiempos, coexisten de forma nómada en el denso bosque de la parte occidental de Paraguay e insisten en la necesidad urgente de agua, pues casi todas las reservas del líquido han sido invadidas por colonos y por su ganado.
Mientras, la pequeña comunidad Parakau Kyha necesita alimentos y asistencia sanitaria.
Instalada a 13 kilómetros de la ciudad de Capiibary, sobre la Ruta 10 Las Residentas, los Kyha insisten en que “no sabemos qué hacer, a nuestros hijos los invaden las plagas”, según rezan en un pedido.
Entretanto, la cúspide política se enfrenta de cara a las elecciones generales del próximo 20 de abril, y no son pocos quienes esperan la llegada de un programa de carácter urgente que coopere en la recuperación de la dignidad de los pueblos indígenas.
FERNANDO LUGO Y LOS INDÍGENAS El candidato que encabeza las encuestas, Fernando Lugo, declaró que de ganar promoverá una reforma agraria integral “en este país, donde hay grandes brechas en la tenencia de la tierra, una distribución escandalosa en la tenencia de la tierra”.
Tras un encuentro con indígenas, destacó la necesidad de una política de Estado en cuanto a este sector.
“Eso nos da la pauta de que los más pequeños, los más excluidos, están pensando en un país diferente, en un país más serio. Quiero revertir los graves desequilibrios sociales que sufre mi país”, declaró en junio pasado.
Soy crítico –dijo- de las recetas que vinieron de afuera y de arriba, como del FMI, el Banco Mundial y el Club de París; creo en aquellas que vienen de adentro y de abajo.
Los pueblos autóctonos esperan también que alguno de sus representantes llegue al fin a ocupar un escaño parlamentario, manera de hacerse sentir con más fuerza y poder en el reclamo de sus postergadas reivindicaciones.
En octubre, el presidenciable de la Alianza Patriótica para el Cambio se reunió con unos 500 líderes de diversas etnias, con quienes habló de los 515 años de resistencia de los pueblos indígenas y sus consiguientes matanzas, masacres, violaciones, expulsiones e invasión de sus tierras, esclavización y marginación.
Las propuestas van a ser tenidas en cuenta en el futuro gobierno, según les prometió el ex obispo, quien celebró que sobrevivan y mantengan sus culturas.
Los líderes señalaron que apoyan plenamente a Lugo porque él les inspira mucha confianza, dijo el vocero de la organización campesina Tekojoja, Joaquín Bonett.
Las esperanzas se abren ahora para Paraguay, una nación que en 2007 clasificó entre las 10 que encabezan las violaciones de derechos indígenas, según un informe de Survival, una organización no gubernamental de defensa de los pueblos originarios.
Indonesia, Australia, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Bostwana, Brasil, Perú y Malasia completan el grupo.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/