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México, Los alcaldes de las ciudades mexicanas de Chihuahua y Ciudad Juárez anunciaron que apelarán la decisión estadounidense de reabrir en la frontera una planta fundidora de metales, que contamina la zona.
La decisión de reapertura fue tomada por la Comisión de Calidad Ambiental de Texas a pesar de la queja de las poblaciones a los dos lados de la línea fronteriza por las emisiones de monóxido de carbono y plomo que afectaron la salud de los residentes allí.
La instalación, perteneciente a la American Smelting and Refining Company (Asarco), fue obligada a suspender sus actividades en 1999 debido a la contaminación provocada por ella, tanto en la parte mexicana como en Sunland Park, Nuevo México.
En el 2005 la compañía, con sede en Tucson, Arizona, solicitó permiso para reiniciar la fundición de metales, el cual le acaba de ser concedido por la Comisión a pesar de la protesta de manifestantes provenientes de las ciudades afectadas.
La fundidora está a 250 metros del río Bravo y sus emisiones violan la prohibición de instalar industrias contaminantes a menos de 100 kilómetros de la línea fronteriza.
El gobierno del estado de Chihuahua planteó que, debido a los antecedentes de la compañía, se sumó a la postura de los alcaldes de las ciudades en peligro e incluso del senador estadounidense Elliot Shalpleig, opuesto también al reinicio de sus actividades.
El planteamiento es que la reapertura no se materialice hasta garantizar la seguridad de los mexicanos residentes en sus inmediaciones.
Por su parte, el diputado del gubernamental Partido Acción Nacional Cruz Pérez recordó que la planta estuvo implicada en uno de los casos más graves de contaminación por plomo.
En la zona están acumuladas 144,3 toneladas de arsénico, 28 de cadmio, 867 de cobre, dos de níquel y 181 de zinc, elementos que causaron a habitantes del lugar cáncer, leucemia y problemas renales, entre otros padecimientos.
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