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Los islotes pancreáticos se introdujeron en cápsulas para evitar su rechazo y el paciente vive sin necesidad de utilizar inmunosupresores El recinto tiene aforo para 600 personas y cuatro salas de ensayo.
Sin tratamientos para combatir el rechazo y con menos insulina de la necesaria para controlar su diabetes. Así vive desde hace diez años un paciente neozelandés que en 1996 recibió un trasplante de células productoras de insulina, extraídas de cerdos. En ningún momento necesitó fármacos para combatir el rechazo porque las células trasplantadas (islotes de Langerhans) se recubrieron de un material biocompatible, como si estuvieran en una cápsula, para aislarlas del sistema inmune del paciente. Las cápsulas permiten el paso de nutrientes y oxígeno para alimentar la célula, pero cierran el acceso a los anticuerpos del sistema inmunológico.
Es la primera vez que se demuestra que un trasplante de estas características es capaz de funcionar durante tanto tiempo y sin riesgo, escriben en la revista Xenotransplantation científicos de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda) y de la empresa LCT, que ha desarrollado la tecnología. Aseguran que se trata de «uno de los mayores pasos en la utilización del trasplante como solución a la diabetes tipo 1». La técnica permitiría contar con una fuente inagotable de órganos y eliminaría la necesidad de fármacos contra el rechazo.
Los trasplantes de islotes obtenidos de páncreas humanos se empezaron a utilizar en 1988, pero aún no han dado el paso definitivo. Se necesitan varios páncreas para obtener el número de células necesarias y los órganos escasean. El trasplante también obliga a seguir un tratamiento con inmunosupresores de por vida que resulta tóxico, sin lograr que la mayoría de los enfermos puedan decir adiós a los pinchazos.
De manera, que la opción se reserva para los enfermos que no pueden controlar su enfermedad, ni siquiera con inyecciones de insulina, o tienen otro trasplante que les ata a los inmunosupresores de por vida.
Menos daños en órganos
El objetivo del trasplante de islotes es lograr un mejor control metabólico para aliviar los daños que la diabetes ocasiona en el corazón, los riñones o los ojos. Esa fue la razón por la que un diabético neozelandés de 41 años decidió someterse a un trasplante de células pancreáticas. Aunque su opción fue distinta. A él no le injertaron células humanas sino islotes de cerdo manipulados para no producir rechazo.
Diez años después, las células siguen produciendo insulina y las cápsulas permanecen intactas en el peritoneo para sorpresa de su médicos. Sus niveles de glucohemoglobina (índice de control de la diabetes) permanecen más bajos que antes del trasplante y el control de la glucosa ha mejorado, aunque necesita insulina.
Los científicos que modificaron las células porcinas estaban convencidos de que no funcionarían tanto tiempo. Pero el paciente les convenció de que lo comprobaran con una laparoscopia porque se sentía bien. Tras el paso por el quirófano se comprobó que los islotes porcinos estaban vivos y produciendo insulina.
Xenotrasplante, seguro
En la Universidad de Auckland se vio posteriormente que la insulina de la sangre del paciente era porcina y no humana, la prueba de su eficacia. «Sólo es un paciente pero muestra que las células porcinas pueden sobrevivir, al menos, diez años en una microcápsula y seguir liberando insulina al torrente sanguíneo», explicó John Court, experto en diabetes. Este año está previsto que arranque un ensayo para demostrar su validez con más enfermos y otras biocápsulas mejoradas.
El paciente no se ha curado, pero el trabajo demuestra una vez más que el xenotrasplante (trasplante de tejidos y células de animales a humanos) es seguro, asegura Rafael Máñez, experto en xenotrasplantes y jefe de Medicina Intensiva del Hospital de Bellvitge. Ese es su mayor valor, en su opinión. Diez años después, no hay infección ni presencia de retrovirus endógeno porcino, uno de los riesgos de usar estos tejidos.
Este retrovirus está integrado en el ADN del cerdo y puede causar una infección permanente. Sólo estudios en laboratorio han demostrado su capacidad para infectar células humanas. En más de un centenar de pacientes no se ha detectado dificultades.
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