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Washington, La aprobación por el Senado de un calendario para la retirada de las tropas estadounidenses de Iraq acrecienta hoy el enfrentamiento entre los poderes Legislativo y Ejecutivo del país.
La confrontación está planteada luego que el presidente George W. Bush ratificara al Congreso el veto a cualquier idea que incluya un calendario para la retirada de las tropas.
Ejecutivo y Congreso, dominado por la oposición demócrata, arriesgan capital político, estiman analistas.
El veto de Bush a una iniciativa de consenso bicameral, que debe llegar a su escritorio en abril y contempla una fecha para la repatriación de los uniformados, dejaría al Pentágono sin fondos para las guerras en Afganistán e Iraq.
Los demócratas, tanto en la Cámara como en el Senado, apoyaron los fondos solicitados por el gobierno y algo más, al incluir erogaciones a favor de los heridos de guerra y los militares ya vueltos a casa.
Sin embargo, en consonancia con el pedido de los electores en noviembre de 2006, abogan por una política más sensata que incluye el retorno de los uniformados de un conflicto que ya cuesta más de tres mil 200 vidas a los agresores.
Pero la Casa Blanca no quiere condicionamiento a su nueva estrategia de guerra y alega que una retirada permitirá a "los enemigos de Estados Unidos" llevar la guerra hasta el país.
El liderazgo republicano renunció a utilizar mecanismo dilatorios en el Senado contra el plan para, como dijo su líder, Mitch McConnell, dejar que el presidente lo vete.
Todo parece indicar que Bush no tendrá en cuenta la derrota de su partido en noviembre último.
Según el senador demócrata Robert Byrd, el mensaje a la Casa Blanca está claro. "El país exige un nuevo rumbo para la guerra en Iraq".
Reportes de prensa dan cuenta de un aumento de las acciones y los muertos en Iraq pese a presuntos logros de la nueva estrategia del Pentágono.
El dilema se presenta tanto para el Ejecutivo como para el Congreso.
La violencia en Iraq tiende a incrementarse. El próximo año habrá elecciones presidenciales en Estados Unidos.
Por otra parte, las encuestas indican que el optimismo de la Casa Blanca no es compartido por la opinión pública, cada vez más opuesta a la presencia estadounidense en Iraq.
Seis de cada 10 estadounidenses está a favor de un calendario de retirada para el próximo año, según un reciente sondeo de Gallup.
Los demócratas favorecen un entendimiento con la Casa Blanca para no afectar a las tropas desplegadas en la nación del Golfo Pérsico.
Tanto la dirigencia de la Cámara como la del Senado llamaron al gobierno a negociar un arreglo y no retardar la aprobación de más dinero para las tropas con un veto.
El pulseo político crecerá en los próximos días, pues al parecer a ninguna de las partes les conviene un estancamiento del proceso.
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