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Washington, Las fuerzas estadounidenses acantonadas en Iraq deberían estar hoy en casa, según un pronóstico de autoridades militares, revelado justo cuando la Cámara Alta del Congreso discute el envío de más efectivos hacia ese país árabe.
El plan de guerra presentado en agosto de 2002 al ejecutivo norteamericano vaticinaba que para diciembre último sólo quedarían en territorio iraquí unos cinco mil soldados.
Sin embargo, en su reciente discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente, George W. Bush, anunció el envío de unos 21 mil 500 combatientes para reforzar a los cerca de 140 mil que todavía operan en la nación ocupada.
El general Tommy Franks, ex jefe del Comando Central, indicó hace cuatro años que para esta fecha el país tendría un gobierno aliado con amplia representación, amparado por un ejército capaz de mantener la paz.
A pocas horas del último plan de seguridad promulgado por la administración de Bagdad, los miembros de la resistencia ocasionaron siete bajas a las tropas del Pentágono, y más de cien iraquíes murieron en distintos atentados.
El Archivo de Seguridad Nacional (NSA) reveló esta semana las estimaciones de las autoridades castrenses de Washington, contenidas en documentos secretos que obtuvo bajo el Acta de Libertad de Información.
Thomas Blanton, directivo de la NSA, calificó de poco realistas las suposiciones del general Franks, quien, además, auguró a la alta plana militar del país que los iraquíes respaldarían la invasión y apoyarían el derrocamiento del presidente Saddam Hussein.
A la par de esas declaraciones, organismos auditores norteamericanos confirmaron que más de 10 mil millones de dólares de los contribuyentes, destinados por Bush para la reconstrucción de Iraq, tuvieron un destino oscuro.
La víspera, especialistas de distintas instancias administrativas comunicaron a la Cámara de Representantes que la Casa Blanca desperdició la millonaria suma con el pretexto del restablecimiento del orden en el país árabe.
El inspector principal de la Oficina General de Contaduría del Congreso, David M. Walter, responsabilizó a la máxima autoridad federal por destinar dinero para operaciones de las cuales nadie conoce.
Según Walter, existen cobros excesivos por casi cinco mil millones de dólares que benefician a empresas contratistas como la Halliburton, una compañía dirigida en los días previos a la guerra por el actual vicepresidente Richard Cheney.
Las nuevas revelaciones aumentan la impopularidad del mandatario norteamericano, quien, en los dos últimos días intenta rescatar adeptos mediante declaraciones alentadoras, destacan medios de prensa nacionales.
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