Powered by Conduit |
toolbar powered by Conduit |
![]() |
![]() |
![]() |

Caracas, La hostilidad de Estados Unidos hacia Venezuela, agudizada en la misma medida que el presidente Hugo Chávez consolida su proyecto nacionalista, presenta hoy un evidente desfase con la marcha de las relaciones económicas.
Contradictoriamente, mientras las incriminaciones que rozan con acusaciones de apoyar el terrorismo buscan aislar al país sudamericano, el comerció bilateral creció en 36 por ciento en 2005, según resaltó recientemente The New York Times.
Con ese salto, de la mano de una factura de exportación petrolera venezolana de unos 1,5 millones diarios de barriles al mercado norteamericano, los niveles del comercio entre ambos países alcanzan unos 40 mil millones de dólares por año.
Para observadores opositores, esta dicotomía expresa una inconsistencia de la política antimperialista de Chávez; pero existe otra explicación que ejemplifica la irracionalidad de las posiciones del gobierno de George W. Bush.
Según el canciller venezolano, Nicolás Maduro, la situación ilustra una separación entre las posiciones de las autoridades estadounidenses y las tendencias de la sociedad norteamericana.
"Estamos en una situación paradójica: estamos en el mejor momento de nuestra relación con la sociedad estadounidense y en un momento muy difícil de la relación con el sector que gobierna a Estados Unidos", expresó el canciller.
"Lo que pedimos es respeto a nuestra soberanía, nuestra dignidad y que se cambie el casete de que tenían a Venezuela como una colonia petrolera", expresó Maduro en entrevista concedida al diario colombiano El Tiempo.
Más allá de la retórica, Estados Unidos se está beneficiando de la expansión económica venezolana por 11 trimestres consecutivos en sectores como el automotriz, con incrementos regulares de ventas de los fabricantes norteamericanos.
Los incrementos se registran igualmente en los rubros de maquinarias de construcción, computadoras y otros relacionados con la expansión de la nación sudamericana.
Sin embargo, pese a esa expansión, las posiciones de Bush están afectando posibilidades de un intercambio bilateral que podría ser aún mayor, debido a las necesidades de una nación empeñada en diversificar su economía e impulsar el desarrollo.
Un solo ejemplo: la decisión de Washington de no vender piezas de repuesto para los aviones F-16 llevó a Venezuela a buscar otro proveedor y Estados Unidos perdió este mercado, con la sustitución de las aeronaves norteamericanas por las rusas Sukhoi.
De otro lado, sería muy difícil para un país confiar su defensa a otro erigido en un crítico que va más allá del discurso, como demostraron las acciones injerencistas de Estados Unidos durante el golpe de estado a Chávez en abril de 2002.
En esos días, denunciaron militares venezolanos, Washington envió embarcaciones y helicópteros cerca de las costas venezolanas, mientras sus agentes en el país sudadamericano colaboraron con los golpistas.
Además de no vender armas a Venezuela, Washington ha realizado acciones abiertas para impedir la compra en otros mercados con amenazas y presiones a países como Rusia, España y Brasil.
De otro lado Chávez, quien propone el camino socialista para Venezuela, nunca ha vinculado su política a una limitación de las relaciones comerciales con Estados Unidos, si bien ha resaltado la importancia de diversificar las relaciones económicas.
El crecimiento económico venezolano en ramas no petroleras ha facilitado también el incremento de las exportaciones a Estados Unidos, que sólo en el primer trimestre del año, aumentaron en el 116 por ciento, según cifras difundidas por The New York Times.
La tensión política provocada por las posiciones de Washington tampoco ha mellado la esfera petrolera, que pasa por una reorganización luego de detectarse convenios de servicios lesivos para la soberanía y la economía.
Como las otras firmas extranjeras, las petroleras norteamericanas aceptaron el tránsito de esos convenios a la conversión de empresas mixtas con la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), haciendo oídos sordos a la retórica anti-venezolana de su gobierno.
La firma de servicios Halliburton, Exxon Mobil, Chevron y ConocoPhillips (las tres mayores petroleras estadounidenses) y las automotrices General Motors y Ford siguen haciendo negocios en el país presentado por Bush como "cercano al terrorismo".
Esta contradicción aumenta en la misma medida que se refuerzan las presiones contra otros países para impedir sus transacciones con Venezuela, país que -sin embargo- parece bueno para las operaciones de las firmas norteamericanas.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/