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Moscú, La desaparición y el asesinato de Polina Malkova de cinco años, en la región rusa de Kranoyarsk, en 2007, parece ser el inicio de una larga pesadilla que mantiene en vilo a padres y autoridades ante espeluznantes cifras sobre la violación sexual de menores. El cadáver de la niña fue encontrado 10 días después de su desaparición, dentro de un cráter de la montaña más cercana a un poblado de obreros. Según la policía, el cuerpo estaba desfigurado con numerosos hematomas en el rostro, cortaduras profundas en el cuello y órganos genitales. Los padres nunca supieron si la pequeña murió por asfixia o a causa de brutales torturas. Luego de un año de búsquedas e investigaciones, se identificó al autor del horrendo crimen. Para la Procuraduría y el Ministerio de Interior, existe una dinámica paralela entre el incremento de desapariciones de niños y adolescentes, y un aumento sin precedentes de abusos sexuales. Dos años antes de la muerte de Polina, Kranoyarsk se estremeció con la desaparición de cinco varones adolescentes de entre 9 y 12 años, encontrados muertos poco tiempo después. Surgieron varias hipótesis sobre ese asesinato múltiple, desde sacrificios humanos hasta violación sexual. Ninguno de estos casos ha pasado inadvertido para la opinión pública rusa, más aún cuando periódicos y telediarios refieren “prácticamente como hechos cotidianos” tragedias parecidas para cientos de familias en distintas partes del país. Uno de los casos más estremecedores en fecha reciente ocurrió en abril, en la localidad de Zlatoust, región de Cheliabinsk, tras la captura de un peligroso pedófilo, autor de la agresión a tres escolares. Solo una menor sobrevivió al violento ataque. Los cuerpos de otras dos muchachitas fueron hallados en el cementerio de la ciudad. Estadísticas de la Procuraduría indican que el pasado año contra los menores se cometieron 161 mil delitos, con un saldo de dos mil 500 niños muertos. Dos mil 800 infantes recibieron daños severos a su salud. En cuatro años el nivel de pedofilia en Rusia creció 10 veces y la causa que se admite públicamente es la suavidad de las leyes contra los abusadores sexuales. CASTIGO SEVERO CONTRA LOS ABUSADORES Los últimos crímenes en las provincias de Cheliabinsk, Kalmyki, Volgograd y Jabarovsk corroboran que son precisamente los niños (hembras y varones) las víctimas más frecuentes de las agresiones por parte de desequilibrados mentales, reincidentes en ese tipo de delitos, apuntan los propios legisladores. Buena parte de la comunidad parlamentaria asegura que uno de los factores en el incremento de la violencia contra la infancia es la ausencia del miedo de los criminales ante castigos severos. El nivel de debate que genera esta problemática en la sociedad rusa se ha disparado y los sondeos de opinión lo reflejan: un 84 por ciento de los encuestados pide la anulación de la moratoria en la pena capital, según el Fondo de Estudio de la Opinión Social. Todo el cuerpo legislativo está abocado hoy a una evaluación y discusión profunda de este asunto. Con ello ha pasado también a un primer plano la reclamación de un endurecimiento de la legislación y en particular del Código Penal para los delitos contra los niños. Uno de los iniciadores de esta campaña en el Parlamento, Pavel Tarakanov, presidente del comité de la Duma para Asuntos de la Juventud, propuso endurecer la legislación punitiva con una sentencia de reclusión perpetua por violación y agresión de carácter sexual contra menores. El diputado de la fracción Rusia Justa, Mijail Starshinov, presentó un proyecto de ley alternativo que aboga por la creación de reclusorios especiales, a los cuales denomina “leproserías”, donde los pedófilos deberán purgar de por vida, dijo. Consideró que no debía castigarse un crimen de esa naturaleza contra los menores de manera que el delincuente cumpla la condena y salga en libertad. “Estamos convencidos de que esos criminales deben permanecer entre rejas hasta el final de sus días”. Otros legisladores van más lejos ante un drama de colosal magnitud y proponen retomar como condena máxima la pena de muerte. En los salones de la Duma también han tomado espacio los partidarios de la castración química. Las estadísticas obligan a pensar seriamente en un conjunto de medidas para incrementar el efecto de los castigos y reducir la violencia a que está sujeta la infancia, sostuvo el miembro de la Cámara Social Anatoli Kucherien, durante un reciente debate televisivo. La audiencia presente apoyó en más de un 90 por ciento sobre una eventual implantación de la castración a los abusadores sexuales, medida que integra el amplio abanico del debate público sobre esta problemática. Paralelamente a la cuestión legal, el Ministerio de Interior de Rusia ya puso en marcha la aplicación del toque de queda para menores que se encuentren en las calles sin el cuidado de los adultos en horas de la noche. En San Petersburgo rige la prohibición a partir de las 23:00 hora local, y en la región de Kemerovo desde hace un mes se permite a niños y adolescentes permanecer en la vía pública hasta las 22.00. La cartera destinará para esas funciones agrupaciones especiales que realizarán patrullaje en horas de la tarde y la noche, precisó el titular de Interior, Rachid Nurgaliev, al presentar la iniciativa a mediados de abril. Señaló que numerosas dependencias regionales han planteado medidas similares de control público sobre los menores, pero llamó a los padres a ser los responsables en primer lugar de una redoblada vigilancia de sus hijos. Por ahora esta parece ser una fórmula provisional con la que las autoridades rusas se empeñan en proteger a niños y adolescentes de abusadores sexuales y criminales.
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