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La historia de Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó la vida de cientos de judíos empleándolos en sus ruinosas empresas, tiene una versión femenina en Polonia.
Se llamaba Irena Sendler y ha muerto hoy a los 98 años, según ha informado su familia. Sendler está considerada como una de las grandes heroínas de la resistencia polaca a los nazis: evitó que 2.500 niños judíos fueran trasladados a campos de concentración colocándolos en familias católicas.
Irena arriesgó su vida en la Varsovia ocupada de los nazis como miembro de la resistencia polaca. Pero su mayor hazaña, por la que estaba considerada como una heroína en su país fue la de sacar del gueto de Varsovia a 2.500 niños judíos. Los sacaba del gueto de las formas más inverosímiles. Luego los ocultaba en familias católicas y en conventos para evitar que acabaran en los terribles campos de concentración nazis.
Para salvaguardar la seguridad de los niños, escondía sus nombres y sus nuevas identidades en botes de conserva que enterraba bajo un manzano cercano a su casa. Su trama fue descubierta por los nazis y fue condenada a muerte, pero los resistentes polacos lograron rescatarla de manos de la Gestapo cuando era conducida al patíbulo. Por su labor, fue propuesta el año pasado por Polonia para recibir el premio Nobel de la Paz, que finalmente fue a parar al norteamericano Al Gore.
"Me educaron e la idea de que hay que salvar al que se ahoga, sin tener en cuenta su religión o su nacionalidad", le gustaba decir. Nació en febrero de 1910 y trabajaba en Varsovia como asistente social con familias pobres judías antes de la ocupación nazi. Desde el otoño de 1940, comenzó a arriesgar su vida para llevar alimentos, ropa o medicinas a los judíos confinados en el gueto de la capital polaca. Unos 450.000 judíos fueron hacinados en un barrio de Varsovia, del que luego fueron trasladados a campos de concentración, sobre todo al de Treblinka.
A finales de 1942, se unió al movimiento de resistencia Zegota (Consejo de Ayuda a los Judíos). Fue entonces cuando comenzó a sacar clandestinamente a niños judíos del gueto, a los que después entregaba a familias católicas y a conventos. Los escondía en maletas que luego eran transportadas en camiones de bomberos o de basuras, o simplemente en manos de personas que tenían acceso al gueto, como ella misma y su equipo de asistentes.
Fue arrestada el 20 de octubre de 1943, después de que los nazis aplastaran la rebelión del gueto, y fue torturada por la Gestapo. Nunca hablo ante sus torturadores, por lo que fue condenada a muerte y fue milagrosamente rescatada por un oficial alemán que se había unido a la resistencia polaca cuando ya enfilaba el camino a su ejecución. Continuó trabajando con otra identidad hasta que acabó la guerra. Entonces, se encargó de la supervisión de orfanatos y asilos en Varsovia.
Pese a todo, su historia no fue conocida en su país, tapada por los 40 años de régimen comunista, hasta que un grupo de estudiantes estadounidenses la descubrieron y la difundieron a todo el mundo. Como era de esperar, la historia llamó la atención de Hollywood, donde ahora se prepara una película. No obstante, el memorial israelí del Holocausto, el Yad Vashem, le concedió en 1965 el título de Justa entre las Naciones, que otorga a los gentiles que contribuyeron a salvar a judíos.
REPUBLICACION DE ESTA NOTICIA
Mientras la figura de Oscar Schindler era aclamada por el mundo
Gracias a Steven Spielberg, quien se inspiró en él
para hacer la película que conseguiría siete premios Oscar en 1993,
narrando la vida de este industrial alemán que evitó la muerte
de 1,000 judios en los campos de concentración,
Irena Sendler seguía siendo una heroína desconocida fuera de Polonia
y apenas reconocida en su país por algunos historiadores,
ya que los años de oscurantismo comunista
habían borrado su hazaña de los libros oficiales de historia.
Además ella nunca contó a nadie
nada de su vida durante aquellos años.
Sin embargo, en 1999 su historia empezó a conocerse,
curiosamente, gracias a un grupo de alumnos de un instituto de Kansas
y a su trabajo de final de curso sobre los héroes del Holocausto.
En su investigación consiguieron muy pocas referencias sobre Irena.
Sólo había un dato sorprendente:
había salvado la vida de 2,500 niños.
Cómo es posible que apenas hubiese información sobre una persona así?
La gran sorpresa llegó cuando tras buscar el lugar de la tumba de Irena,
descubrieron que no existía dicha tumba, porque ella aún vivía,
…y de hecho todavía vive…
Cuando Alemania invadió el país en 1939,
Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia,
el cual manejaba los comedores comunitarios de la ciudad.
En 1942 los nazis crearon un ghetto en Varsovia. Irena, horrorizada por las condiciones en que se vivía allí, se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos.
Consiguió identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas.
Como los alemanes invasores tenían miedo de una posible epidemia de tifus, permitían que los polacos controlaran el recinto
Pronto se puso en contacto con familias a las que les ofreció llevar a sus hijos
fuera del ghetto
Pero no les podía dar garantías de éxito.
Era un momento horroroso, debía convencer a los padres de que le entregaran sus hijos, y ellos le preguntaban:
"Puedes prometerme que mi niño vivirá…?"
…pero qué podía alguien prometer cuándo ni siquiera se sabía si lograrían salir del ghetto?
Lo único cierto
era que los niños morirían
si permanecían en él.
Las madres y las abuelas no querían desprenderse de sus hijos y nietos. Irena las entendía perfectamente, pues ella misma era madre, y sabía perfectamente que, de todo el proceso que ella llevaba a cabo con los niños, el momento más duro era el de la separación.
Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerlas cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte.
Cada vez que le ocurría algo así, luchaba con más fueza por salvar a más niños.
Comenzó a sacarlos en ambulancias como víctimas de tifus,
pero pronto se valió de todo lo que estaba a su alcance
para esconderlos y sacarlos de allí:
cestos de basura, cajas de herramientas,
cargamentos de mercaderías,
sacos de patatas, ataúdes...
en sus manos cualquier elemento
se transformaba en una vía de escape.
Logró reclutar al menos una persona
de cada uno de los diez centros del Departamento de Bienestar Social.
Con su ayuda, elaboró cientos
de documentos falsos con firmas falsificadas
dándole identidades temporarias a los niños judíos.
Irena vivía los tiempos de la guerra
pensando en los tiempos de la paz.
Por eso no le bastaba solamente mantener a esos niños con vida.
Quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres,
su identidad, sus historias personales, sus familias.
Entonces ideó un archivo en el que registraba
los nombres de los niños y sus nuevas identidades.
Anotaba los datos en pequeños trozos de papel
y los guardaba dentro de botes de conserva
que luego enterraba bajo un manzano en el jardín de su vecino.
Allí aguardó, sin que nadie lo sospechase, el pasado de 2,500 niños…
hasta que los nazis se marcharon.
Pero un día los nazis supieron de sus actividades.
El 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo
y llevada a la prisión de Pawiak donde fue brutalmente torturada.
En un colchón de paja de su celda,
encontró una estampa ajada de Jesucristo.
La conservó como el resultado de un azar milagroso
en aquellos duros momentos de su vida,
hasta el año 1979, en que se deshizo de élla
y se la obsequió a Juan Pablo II. Irena era la única que sabía los nombres y las direcciones
de las familias que albergaban a los niños judíos;
soportó la tortura y se rehusó a traicionar a sus colaboradores
o a cualquiera de los niños ocultos.
Le rompieron los pies y las piernas
además de imponerle innumerables torturas.
Sin embargo nadie pudo romper su voluntad.
Así que fue sentenciada a muerte.
Una sentencia que nunca se cumplió,
porque camino del lugar de la ejecución,
el soldado que la llevaba, la dejó escapar.
La resistencia le había sobornado porque no querían que Irena
muriese con el secreto de la ubicación de los niños.
Oficialmente figuraba en las listas de los ejecutados,
así que a partir de entonces, Irena continuó trabajando,
pero con una identidad falsa.
Al finalizar la guerra, ella misma desenterró los frascos y utilizó las notas para encontrar a los 2,500 niños que colocó con familias adoptivas.
Los reunió con sus parientes diseminados por toda Europa, pero la mayoría había perdido a sus familiares en los campos de concentración nazis.
Los niños sólo la conocían por su nombre clave: Jolanta.
Años más tarde, su historia apareció en un periódico
acompañada de fotos suyas de la época, varias
personas empezaron a llamarla para decirle:
“Recuerdo tu cara …soy uno de esos niños,
te debo mi vida, mi futuro y quisiera verte…”
Irena tiene en su habitación cientos de fotos
con algunos de aquellos niños sobrevivientes o con hijos de ellos.
Su padre un médico, que falleció de tifus
cuando ella era todavía pequeña, le inculcó lo siguiente:
“Ayuda siempre al que se está ahogando,
sin tomar en cuenta su religión o nacionalidad.
Ayudar cada día a alguien tiene que ser una necesidad
que salga del corazón”
Irena Sendler lleva años encadenada a una silla de ruedas, debido a las lesiones que arrastra tras las torturas sufridas por la Gestapo.
No se considera una heroína.
Nunca se adjudicó crédito alguno por sus acciones.
Siempre que se le pregunta sobre el tema, Irena dice:
"Podría haber hecho más, y este lamento me seguirá hasta el día en que yo muera."
“No se plantan semillas de comida.
Se plantan semillas de bondades.
Traten de hacer un círculo de bondades,
éstas los rodearán y los harán crecer más y más”.
Irena Sendler
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