Unas cuantas cuadras al norte, el Reverendo Barry Bossa, ex-convicto y prófugo, ha encontrado asilo en un vecindario frondoso con cafés al aire libre. Sus superiores religiosos apresuradamente lo trasladaron de Estados Unidos hace dos años, cuando su historial delictivo y nuevas acusaciones empezaron a surgir.
Aquí en el corazón del catolicismo, líderes eclesiásticos le dan refugio a sacerdotes acusados de abuso sexual en otros países. The Dallas Morning News localizó a los hombres – algunos de ellos transgresores confesos – como parte de una investigación de un año sobre el traslado global de sacerdotes acusados.
Algunos se encuentran en la comodidad de la sede mundial de sus órdenes religiosas. Uno de ellos camina por la Plaza de San Pedro rumbo a su trabajo. Otro guía recorridos en inglés de antiguos cementerios de la iglesia. Y hasta hace poco, un hombre cumplía con su arresto domiciliario desde una casa enfrente del Vaticano.
Los sacerdotes se negaron a hablar en detalle sobre sus casos. Sus supervisores manifestaron que los hombres no fueron asignados a Roma para ayudarles a eludir a agencias judiciales o a víctimas. El objetivo, dijeron, era de darle a los sacerdotes un lugar donde vivir y trabajar lejos de niños.
"No es el peor lugar del mundo; eso sí es verdad", dijo el Reverendo Michael Higgins, líder estadounidense de la orden de los Pasionistas. El año pasado, él envió a Roma un sacerdote que había sido investigado, pero no enjuiciado, por acusaciones de abuso. "Sin embargo, no es una recompensa".
Un ex administrador de alto rango en un colegio católico cerca del Vaticano dijo que colocar a sacerdotes acusados o hasta prófugos en Roma era "muy perjudicial"–especialmente en un momento en que la iglesia intenta restaurar su imagen dañada.
El año pasado, el Vaticano–la única institución religiosa del mundo reconocida como un gobierno soberano–rechazó la petición de uno de estos procuradores, Rick Romley, el fiscal del Condado de Maricopa en Arizona, para que le ordenara a dos sacerdotes fugitivos que se entregaran a las autoridades de Phoenix.
Su carta al Cardenal Ángelo Sodano, secretario de estado del Vaticano, le fue enviada de regreso en un sobre resellado, acompañado de una nota que leía: "El artículo, enviado adjunto, se le regresa al remitente debido a que el destinatario lo ha rechazado".
El Vaticano, arguyendo que en varias partes del mundo la política no estaban acordes con la ley eclesiástica, ordenó que se hicieran cambios. Entre ellos: establecer un plazo límite para las demandas, lo que efectivamente permite que muchos de los transgresores no sean castigados.
Hace ños, el Vaticano obligó a Coldrey, miembro de la orden de Hermanos Cristianos, a que retirara su libro Vida Religiosa Sin Integridad: La Crisis de Abuso Sexual en la Iglesia Católica, de la Internet. Una carta del Vaticano al hermano Coldrey dijo: "Dudamos de la prudencia de publicar un documento de ese tipo".
El Vaticano se ha negado a divulgar la razón por la cual no ha tomado acción en cuanto a las numerosas acusaciones de abuso contra un aliado allegado al Papa, el Reverendo Marcial Maciel, el fundador y líder de la orden de la Legión de Cristo en Roma.
Me dijeron que el padre Maciel era muy querido por el Papa, que le había hecho mucho bien a la iglesia, y que no era conveniente hacer algo para investigar las acusaciones, manifestó Athié, quien subsiguientemente abandonó el sacerdocio.