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Nairobi, La población keniana festejó el pacto alcanzado entre los rivales políticos, el presidente Emilio Mwai Kibaki y el opositor Raila Odinga, cuando apenas se dio el primer paso para cumplir lo acordado.
Este viernes contrastaba la alegría en las calles con la cautela con que analistas políticos se refirieron al asunto de las negociaciones.
El líder opositor Raila Odinga fue designado primer ministro del gobierno de gran coalición, como se refirieron los medios de prensa cuando identificaron al próximo ejecutivo, lo cual supone compromisos institucionales.
Odinga dijo que trabajará por la reconstrucción de este país y la reconciliación de sus habitantes, entre quienes se abrieron profundas brechas en el curso de dos meses de crisis políticas, que además asumió antagonismos étnicos.
En ese contexto queda claro que la restauración requiere la cooperación y voluntad política de las facciones rivales, a lo cual convocó el jefe del gabinete.
Odinga, convertido en gobierno, declaró a la radio británica que se ocupará de quienes perdieron sus propiedades, empleos y del más de medio millón de desplazados.
Analistas políticos como Grace Mbugua creen que lo ocurrido no volverá a repetirse: "el caos llegará a su fin y no resurgirá jamás", acotó.
Pero otros se pronuncian con mayor cautela, toda vez que sólo se han concretado algunas señales por donde guiar la implementación de lo acordado y que supone una nueva configuración en el escenario nacional en cuatro décadas de independencia.
No obstante, el acuerdo es un reconocimiento para Mwai Kibaki, hasta ahora rechazado como mandatario por la oposición a la cual debió reconocerle su capacidad como fuerza política decisiva.
Las carteras del gabinete serán divididas en partes iguales entre los seguidores de Odinga y de Mwai Kibaki, y se nombrará a dos vice primeros ministros, uno por cada grupo.
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