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Reykjavik, Numerosas voces del deporte mundial lamentan el fallecimiento del legendario ajedrecista estadounidense Bobby Fischer, campeón del orbe en 1972 y considerado uno de los grandes genios de esa disciplina.
"Fischer es un gran ajedrecista, una época en la historia de la humanidad, como Newton, Einstein y Gagarin", declaró a medios de prensa el presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), el ruso Kirsán Ilyumzhinov.
La noticia fue confirmada este viernes a la radioemisora islandesa RUV por el vocero del jugador, Gardar Sverrisson, aunque no especificó las causas del fallecimiento del ídolo internacional.
Tras pasar buena parte de su vida en el vórtice de la prensa mundial, el trebejista vivía desde 2005 en Islandia, cuya nacionalidad adoptó, sumido en un anonimato casi total.
Precisamente en esa nación logró el título del orbe en 1972 en un memorable enfrentamiento con el entonces soviético Boris Spassky, que finalizó 12,5 a 8,5 puntos.
De personalidad controvertida y excéntrica, el norteamericano se mantuvo los últimos años perseguido por las autoridades de Estados Unidos por haber jugado un match en la antigua república yugoslava de Montenegro en 1992, a pesar de las severas restricciones internacionales que pesaban sobre aquel país.
Su particular carácter lo condujo a renunciar a la disputa del campeonato planetario en 1975, por lo que la corona recayó en otra futura estrella de los trebejos, el otrora soviético Anatoli Karpov.
Nacido en 1943 en la ciudad de Chicago, Fischer atraía constantemente la atención de todos no sólo por su gran talento, sino por un proverbial desenfado que le permitía autoproclamarse como el mejor ajedrecista de la Tierra.
"No me gustaría ser inmodesto, pero el mejor jugador del mundo soy yo", dijo en una ocasión, cuando ya se había convertido en una de las figuras legendarias del deporte mundial.
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