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Cuando el amateurismo silenció las fanfarrias profesionales

Cuando el amateurismo silenció las fanfarrias profesionales

La Habana, Cuando hace hoy un año arrancaron en Tokio las acciones del Primer Clásico Mundial de Béisbol, nadie imaginaba que las fanfarrias del profesionalismo en ese deporte serían silenciadas al final del torneo.

Se trató de una competencia inédita auspiciada por las Grandes Ligas de Estados Unidos y la Asociación de Jugadores de Grandes Ligas, con el aval de la Federación Internacional de Béisbol.

 

El cronograma, ajustado con evidente balance a favor de los organizadores norteamericanos, abarcó cuatro grupos eliminatorios (A, B, C y D) que jugaron en las ciudades de Tokio (Japón), San Juan (Puerto Rico) y Phoenix y Orlando, en Estados Unidos.

 

La llave A la integraron los equipos de Japón, China Taipei, Surcorea y China; la B, Canadá, México, Estados Unidos y Sudáfrica; en la C estuvieron Cuba, Holanda, Panamá y Puerto Rico y Australia, República Dominicana, Italia y Venezuela en la D.

 

Luego de dos rondas clasificatorias, varias selecciones integradas casi totalmente por estrellas del profesionalismo, como fue el caso de los anfitriones norteamericanos, quedaron fuera de competencia y sólo Japón, Cuba, Dominicana y Surcorea pasaron a las semifinales.

 

La temprana caída de Panamá y la eliminación de Estados Unidos a manos de México, así como de Puerto Rico por Cuba - en una revancha durante la segunda ronda - y de Venezuela por Dominicana, fueron acontecimientos descollantes del certamen.

 

Jugadores rentados de la talla de Johan Santana, Carlos Zambrano y Freddy García (Venezuela), Carlos Beltrán, Carlos Delgado e Iván Rodríguez (Puerto Rico) o Derek Jeter, Alex Rodríguez y Ken Griffey (Estados Unidos) no llegaron a la parte final del torneo.

 

Y en ese cierre se produjo lo inimaginable cuando Cuba venció 3-1 en semifinal a la poderosa escuadra dominicana, cuya nómina incluía a Bartolo Colón, Albert Pujols, David Ortiz y Miguel Tejada, entre otras figuras de Grandes Ligas.

 

Por su parte, los nipones dieron cuenta 6-0 de los surcoreanos y ganaron el derecho a discutir el título frente a los cubanos en la final, celebrada en el estadio Petco Park, de la ciudad californiana de San Diego.

 

En ese partido decisivo ya estaba desvanecido el mito de la superioridad del béisbol de las Grandes Ligas. Solo dos peloteros de la llamada "gran carpa" aparecieron en el terreno: los japoneses Ichiro Susuki (jardinero derecho) y Akinori Otsuka (lanzador).

 

El primero militaba en los Marineros de Seattle y el segundo en los Rangers de Texas (antes estuvo en los Padres de San Diego).

 

Por su parte, Cuba presentó una nómina formada totalmente por deportistas amateurs, que vencieron a capa y espada a planteles conformados por publicitadas estrellas del profesionalismo.

 

En el choque final, la selección cubana perdió 6-10 ante los nipones en un partido de leyenda y agregó el subtítulo del Primer Clásico Mundial a su larga colección de galardones (el oro de 25 series mundiales y de tres Juegos Olímpicos, entre otros muchos).

 

Tres cubanos (el segunda base Yulieski Gourriel, el designado Yoandry Garlobo y el pítcher Yadel Martí) e igual número de japoneses (el receptor Tomota Satozaki, el jardinero Ichiro Suzuki y el lanzador Daisuke Matsuzaka) integraron el equipo Todos Estrellas del torneo.

 

De esa forma, amateurs de la mayor de las Antillas se colocaron en el pináculo de la pelota universal, por encima de los llamados padres del béisbol y de los más renombrados profesionales de las Grandes Ligas.

Sábado, 03 de Marzo de 2007 13:43. Escrito por: Crist Nasar Enlace a la noticia. Deporte Mundial

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