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Caracas, La reelección del presidente Hugo Chávez con un apoyo superior al 62 por ciento de los votantes, constituyó el colofón de un año político que marcó la consolidación de las fuerzas de izquierda en Venezuela.
La amplia votación sirvió de barómetro para ratificar el reconocimiento a los programas de inclusión de Chávez desde 1998 y el cambio radical dado al panorama político nacional con una proyección que cada vez más se aleja de la derecha.
La propuesta socialista presentada por el Jefe de Estado a los electores obtuvo un respaldo abrumador en comicios caracterizados por una amplia participación que sirvió para reducir los niveles abstencionistas.
Con una participación superior al 75 por ciento de un padrón electoral de 16 millones de personas, Chávez se impuso inobjetablemente en un proceso reconocido por la oposición y los observadores internacionales.
El año sirvió para ratificar la derrota de grupos radicales que promovían la desobediencia y acciones inconstitucionales y abrió las puertas a una nueva oposición que intenta desvincularse de los errores de los gobiernos de derecha dominantes hasta 1998.
Un elemento significativo del año fue la constatación de la pérdida de base de Acción Democrática y COPEI, los partidos que mandaron en la política venezolana durante casi medio siglo.
COPEI, con algo más de 200 mil votos, se ubicó séptimo en la lista de partidos, reveladoramente detrás del Partido Comunista, una de las organizaciones integrantes del Bloque del Cambio aglutinado alrededor de Chávez.
Acción Democrática sufrió una desastrosa derrota, luego que su cúpula optó por no presentarse a los comicios, lo cual provocó la reacción y desconocimiento de esa decisión.
La votación confirmó una tendencia previsible en la reconformación de la política venezolana: la desaparición de AD y COPEI y su sustitución por una nueva derecha aparentemente ajena a los gobiernos del pasado.
Esta corriente, autocalificada de "centro" o "democracia social", pasó a ser encabezada por Un Nuevo Tiempo, el partido regional de Rosales que en los comicios alcanzó connotación nacional, y Primero Justicia, agrupación de la clase alta venezolana.
Según todos los indicios, estas fuerzas buscan una coordinación encaminada -luego de la derrota electoral- a enfrentar la propuesta de Chávez de avanzar en el enfoque socialista, para lo cual propone la creación de un partido único revolucionario.
Esa nueva organización debe aglutinar al Movimiento V República de Chávez (primer partido venezolano en la actualidad con más de cuatro millones de votos) y sus aliados Podemos, Patria para Todos y Partido Comunista, entre otros.
La idea recibió el beneplácito de los líderes de las agrupaciones, aunque con algunas reservas indicadoras que no se tratará de un proceso fácil ni una simple sumatoria.
Los reacomodos de fuerzas esbozados a fines de 2006 indican que para 2007 debe constatarse una mayor complejidad de la política venezolana, marcada desde 1998 por el declive de la derecha y el ascenso de la izquierda.
Asimismo, con la aceptación de su derrota electoral, contrariamente a procesos anteriores, se abrió también la posibilidad de una nueva oposición de derecha, tras años de fracasados intentos inconstitucionales para defenestrar a Chávez.
El propio Jefe de Estado ha resaltado que su propuesta de socialismo recibió el respaldo de más de siete millones de votantes, pese a una larga historia de propaganda y represión anticomunista.
Esta tendencia se enmarca en un avance de las fuerzas de izquierda en la región, "una nueva era de integración latinoamericana", según la definición de Chávez.
En Venezuela, en particular, el año 2006 ratificó que la política cambió y la población abandonó en gran parte prejuicios inculcados durante años para dar lugar a una nueva correlación de fuerzas.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/