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Luanda, Tal vez sean recordistas mundiales sin conocerlo: las mercaderas angolanas cargan sobre sus cabezas decenas de kilogramos de productos durante horas con aparente facilidad.
Recorren kilómetros y kilómetros y aún, con el cansancio que debe provocar esa tarea, son capaces de sonreír al posible cliente y ofrecerle una diversidad asombrosa de artículos.
Se trata de un mercado de "cabeza" y en 90 por ciento de los casos, llevado a cabo por féminas, en tanto los pocos hombres que acuden a esa modalidad, se nota que lo hacen con menos elegancia.
María Do Carminha es una de esas comerciantes informales que sale cada día a vender plátanos, manzanas y naranjas sobre su testa.
¿Como aprendiste esa técnica?
"No sé. Desde niña veía a mi madre siempre trasladarse de un lado para el otro con una cesta encima de la cabeza y quizá por imitarla o porque algún momento se hizo necesario, comencé a hacerlo igual que ella".
Tamaño ejercicio debiera perfilar músculos muy poderosos en el cuello, pero no se nota diferencia alguna en esa región del cuerpo entre una "bien entrenada" y otra que nunca ha probado suerte en tal práctica.
El equilibrio es notable. Caminan, miran hacia un lado y el otro, y hasta se ha visto algunas que al escuchar una melodía adecuada " echan su pasillo" con carga y todo encima.
Son miles y están en todas partes. Vocean sus productos y no se le ocurra mirarlas muy fijo, pues ahí mismo tendrá que comprar, a menos que sea un ridículo.
Lo del mercado informal en Africa resulta una costumbre muy antigua y que al parecer nunca desaparecerá.
También la crítica situación económica del país contribuye a que algunos acudan a esta sorprendente modalidad de "cabeza" como única salida para conseguir el alimento.
Se antoja curioso para el neófito en estos lares que productos de los más diversos, "caminen" de allá a acá, en cualquier dirección, cargados de manera tan especial.
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