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Beirut, Los bombardeos israelíes alcanzaron hoy toda la geografía libanesa, en especial el suburbio meridional capitalino, mientras se intensifica el empuje en el mediodía del país para ocupar una cabeza de puente de 30 kilómetros.
La periferia sureña de esta capital, poblada por musulmanes chiítas, fue escenario desde el jueves de intensos bombardeos que redujeron a cenizas los escombros en que la aviación y la marina israelí convirtieron las pobres casas de esa zona.
De inmediato no existen informes sobre posibles víctimas civiles, poco probables pues los residentes han emigrado debido a la fiereza de los ataques del Tsahal que describe el área como un bastión del Hizbalá (Partido de Dios), sus más enconados y efectivos rivales.
Los guerrilleros islámicos, de su lado, mantienen la resistencia al avance de los soldados y medios lanzados al combate por Israel en el sur del país con el anunciado fin de crear una nueva franja de seguridad de 30 kilómetros de ancho.
Un parte de la censura castrense de Tel Aviv admitió dos bajas fatales y 20 heridos en combates en el frente meridional, así como la destrucción de un tanque de la serie Merkava, datos carentes de confirmación independiente y, por ello, sujetos a dudas.
Por segundo día consecutivo la aviación israelí, además, atacó la población de Habchit, en Akkar, norte, con el fin aparente de cerrar todas las vías de acceso por carretera con la vecina Siria, dijeron fuentes en el terreno.
Los bombardeos de hoy buscaban ocasionar el mayor número de pérdidas, dijeron testigos, según los cuales, tras una primera oleada, la aviación israelí descargó sus bombas cuando los pobladores evaluaban las pérdidas humanas y materiales.
El puente de la cercana localidad de Hissa, también en Akkar, fue destruido, el tercero en la última semana, lo que impide en la práctica el tránsito de refugiados hacia Siria por la vía septentrional.
Medios israelíes reivindicaron hoy el ataque a 130 objetivos de Hizbalá, pero otras fuentes notaron que en el noreste libanés, poblado por miembros de la comunidad cristiano maronita, la entidad musulmana carece de bases o arsenales.
El Hizbalá, de su lado, reivindicó el lanzamiento de varias andanadas de cohetes contra zonas del norte israelí, convertidas en ciudades fantasmas por la emigración de sus residentes.
La persistencia de los ataques de represalia de los combatientes islámicos, la efectividad de sus operaciones eclosionó en fricciones internas en Israel, donde varios sectores acusan al gobierno y al mando castrense de incumplir sus misiones.
Medios políticos, en especial de la derecha, que capitaliza la coyuntura para atacar al gabinete Kadima, acusan al primer ministro Ehud Olmert de cometer todos los errores posibles.
Aparte la intención política, es evidente el desconcierto en la cúpula israelí, habituada a victorias fáciles y rápidas y que, a un mes del inicio de la invasión contra el inerme Líbano, es incapaz de mostrar resultados tangibles.
Los dos militares capturados por los guerrilleros islámicos siguen cautivos, el Hizbalá continúa operando, los lanzamientos de cohetes persisten y, lo peor, la opinión pública mundial percibe la arremetida contra el Líbano como un agresión injustificada.
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